Frases de “El Caballero de la Armadura Oxidada” 17 JUL “Una persona no puede aprender y correr a la vez. Debe permanecer en un lugar durante un tiempo”. “El Caballero pregunto que era la bebida que le había ofrecido? El mago sonriendo le dijo: es vida ¿vida? Sí, dijo el mago ¿No te pareció amarga al principio y, luego, a medida que la degustabas, ¿no la encontrabas cada vez mas apetecible? El caballero asintió, y los últimos sorbos resultaron deliciosos. Eso fue cuando empezaste a aceptar lo que estabas bebiendo. La vida es buena cuando uno la acepta. Las cosas hay que aceptarlas tal como son, simplemente porque son así”. “El mago le indicó al caballero que debía marcharse hacia el sendero de la verdad. Un camino difícil que se vuelve cada vez mas empinado a medida que se acerca a la cima de una lejana montaña”. “Tienes que aprender a salvarte a ti primero”. “Encontrarás la salida solo cuando hayas aprendido lo que has ido a aprender”. “Todos estamos atrapados e...
No son los muertos los que en dulce calma la paz disfrutan de su tumba fria, muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavia. No son los muertos, no los que reciben rayos de luz en sus despojos yertos, los que mueren con honra son los vivos, los que viven sin honra son los muertos. La vida no es la vida que vivimos, la vida en el honor, es el recuerdo. Por eso hay hombres que en el Mundo viven, y hombres que viven en el Mundo muertos.
Emergencias, una noche de guardia en el Hospital Clínicas Autor: Álex Ayala Ugarte Rastros y rostros arman cada día la historia particular de la sala de emergencias, un lugar donde se dan cita la vida y la muerte, en el que la distancia entre una y otra puede ser sólo cuestión de minutos. Lunes. Diez de la noche. Las paredes amarillas y verdes del Hospital de Clínicas reflejan el trasiego de varios pares de batas blancas. Un grifo que gotea marca con un compás casi fúnebre los silencios. Una ambulancia de la Red 118 de la Alcaldía espera en el parqueo para salir ante cualquier urgencia. Las máquinas de escribir bailan al son del mar de dedos que se les viene encima. La ciudad ya duerme, pero la sala de emergencias está despierta. Cada noche, todo un mundo abre sus puertas ante la mirada acostumbrada de los doctores. Óscar Romero, jefe de la unidad de emergencias, está de turno. Sus ojos rojos revelan falta de sueño. Una mueca de incredulidad cubre su rostro. El ir y venir d...